Cultura · Entrevistas

Bailar con música en vivo

Si les preguntás a las personas porqué se acercaron al baile seguramente encuentres dos tipos de respuestas: hay personas que se acercaron por el baile en sí, como forma de expresión, como ejercicio, como vía para socializar. Otras se acercaron principalmente por la música: por ser aficionadas del (por ejemplo) Jazz tradicional y ver que había gente que bailaba ese ritmo que tanto les gustaba.

Lo cierto es que cualquiera sea la razón, a medida que pasamos un tiempo en la escena nos acostumbramos a bailar con música en vivo, interactuar con músicos y que haya una banda en los eventos semanales a los que vamos. Pensando en la necesidad de valorar esto que se transformó en costumbre, me propuse hablar con algunxs músicxs de Blues y Swing para conocer su opinión…

Juan
Juan Klappenbach y Marcelo Gallo (Orquesta Brazofuerte) tocando en la Swingin’ Party – Foto: ALC Fotografía

Para Juan Klappenbach (Orquesta Brazofuerte, Elefanke) la diferencia entre tocar para un público que baila y tocar para un público tradicional es la energía. “El ida y vuelta que existe cuando tocamos y hay público que baila es terriblemente mayor. Eso pasa porque el público está bailando genuinamente, escuchando la música e intentando simplemente mover el cuerpo en sincronismo con la música que está sonando y conectando corazones: los corazones de los músicos y el de la persona con la que uno está bailando. Eso es alucinante.”

Si tengo que pensar en algo que describa a Juan es, claramente, el talento. No sé cuántos instrumentos toca pero me da la sensación de que es de esas personas que se defiende con el que le pongas adelante. No recuerdo dónde lo vi/escuché tocar por primera vez, pero seguro una de las primeras fue en las Swingin’ Parties de Niceto. Sí, el boliche cool. Porque además de su talento otra cosa que lo define es su buena onda. En sus inicios, cuando se sentía el más joven de todos, Juan encontró en el público que baila un acercamiento generacional:

“Me acuerdo exactamente la primera vez que toqué y alguien se puso a bailar. Fue en la Castorera con la Delta Jazz band hace más de 10 años. Nos citaron para eso de las 23.30 hrs. lo cual me parecía bastante tarde, los músicos de la Delta tenían entre 60 y 80 años y no era muy habitual el horario. Sabía que tocábamos en una fiesta pero no tenía idea de que cuando llegara me iba a encontrar con un montón de personas (desde muy jóvenes hasta mayores) bailando la música que yo siempre había intentado interpretar y a la que tanto amaba. Con lo cual fue una sorpresa enorme y una sensación hermosa no sólo porque tocar para bailarines tiene un agregado de magia sino que me encontré con mucha gente de mi generación y eso me hizo resignificar un montón lo que estaba haciendo: la sensación de poder compartirlo no solamente con gente de 80 años sino también con personas de mi edad (para ese momento tendría alrededor de 20 años).”

Daniel De Vita Romeo
Daniel De Vita tocando en Aires de Blues. Foto: RW Estudio

A Daniel de Vita lo conocí una noche bailando Blues. Fran y Vale -profes y principales organizadores de la escena de Blues de Argentina– me hablaron de él diciendo: “charlamos con Daniel para adaptar el repertorio al evento de hoy” y claramente funcionó: esa noche la pista estuvo prendida fuego. Ese dato (y lo buena que estuvo la fiesta) me sorprendieron. La predisposición de Daniel de tocar para bailarines es evidente:  “lo que sucede al tocar para un grupo de bailarines es que se invierten los roles, los músicos somos los que apreciamos el baile. La energía que normalmente emana un escenario, en esta situación, emerge de las parejas bailando. Es algo nuevo a lo que espero no acostumbrarme nunca.”

Checha
Checha Naab en una photoshoot para una de sus bandas: Jivers – Foto: Cristóbal Barcesat (¡que en lugar del micrófono agarró la cámara y disparó!)

Checha Naab (además de ser mi amiga 😆) forma parte de Checha & The Mortons (en voz, kazoo, redoblante y washboard) y de Jivers (voz y redoblante). A pesar de conocerla desde hace años, me enteré cómo empezó gracias a esta nota: se relacionó con la música desde muy chica: con piano y solfeo a los nueve años y aprendió a armonizar con su mamá en una casa en la que el Jazz Tradicional, el Blues y el Gospel eran parte de la banda de sonido constante. Sus primeras clases de canto oficiales fueron con Cristina Dall y si bien el primer show de Jazz y Blues fue en 1996, recién en 2002 empezó una serie de shows en ambientes más grandes hasta que en 2004 se dedicó a la música de lleno. Además es lindyhopper. Vio por primera vez el Lindy Hop en la película Swing Kids (1993) y si bien en su familia se bailaba Fox Trot y Rock & Roll ella quería aprender “ESO”. Recién en el 2003 se acercó a este baile cuando un conocido la puso en contacto con Juan Villafañe quién le sugirió La Viruta y ahí conoció  a lxs profes “Biggeri, Rafa, Cuki, Poly y Jorge”. Durante 10 años bailó, tomó clases, enseñó y hasta viajó cinco veces a Herräng (campamento de música y baile en Suecia) a causa del Jazz. “Tuve el honor y la suerte de poder trabajar, tanto enseñando como coreografiando y volando por los aires al ritmo de mis bandas preferidas de Jazz en Argentina. Ahora y hace unos años ya, estoy poniendo toda mi energía en mis proyectos musicales y bailando muy poco, pero extrañándolo bastante.”

A continuación les comparto las opiniones de Daniel, Checha y Juan frente a algunos temas sobre los que me interesaba conocer su postura. Como no sé mucho de música (“nunca es tarde para aprender” dicen 😜) no sabía cuán ingenuas eran estas preguntas, pero por suerte lxs tres me respondieron con la mejor. Acá les dejo sus reflexiones:

¿Cómo se piensa el repertorio para un público que baila?

A Checha le pregunté especialmente por la relación entre la música y el baile ya que está de ambos lados del escenario. Le dije “¿Sentís que ser bailarina y música te da una ventaja para entender ambos “mundos”?” Su respuesta fue muy clara:

“Siempre saber más acerca de una disciplina que está directamente relacionada con otra, en la que querés mejorar, va a sumar. En fines prácticos, haber estudiado música, ayuda inmensamente a la hora de construir una coreografía o transmitir cierta información a la hora de dar clases, porque uno tiene una comprensión más completa de la estructura de los temas, pero estas cosas se pueden aprender también sin necesidad de hacer una carrera.

Creo que aproveché más mi condición de bailarina a la hora de elegir qué tocar y cómo, en eventos de Lindy Hop, con la mayor parte de los proyectos musicales con los que toqué a lo largo de estos 15 años. Con [Checha & The] Mortons, por ejemplo, toco principalmente Jazz Tradicional pero modificamos nuestro repertorio considerablemente a la hora de tocar para bailarines. Agregamos más clásicos del Swing, tratamos de respetar los arreglos dentro de las posibilidades de la formación. Los temas no duran más de 3:30 minutos por lo general, tratamos de que el 80% de la lista de temas esté en tempos amables para todos los niveles y los temas muy antiguos que usualmente se tocarían más derechitos, los swingueamos un poco más.

Creo igual que mi mayor hazaña como música/Lindy Hopper fue estar contando las entradas que iban haciendo las parejas en los concursos, para calcular, mientras tocaba y cabeceaba al resto de la banda, en qué momento se viene el coro final. No vale distraerse en esa jajaja.

Me parece una ventaja mayor aún, aunque uno no se dedique a la música, ser un obsesivo de la investigación de la música con la que se quiere bailar, sus orígenes y desarrollo a lo largo de las décadas y entender, aunque sea desde el ‘no conocimiento teórico’, cómo se relacionan los movimientos y la expresión corporal con lo que uno está escuchando. Escuchar y aislar cada instrumento, ya sea en un solo o en un arreglo, anticipar y trasladarlo a los pasos.”

A Daniel le pregunté cómo piensa el repertorio cuando toca para un público que baila y me dijo: ”Cuando el público mayoritariamente es de bailarines adecuamos el repertorio a ellos. La primera vez que fuimos convocados por Fran y Vale les consulté qué tipo de repertorio y el ritmo preferìan y viendo y considerando que ese día había muchos principiantes me comentaron que lo mejor era no optar por tempos muy acelerados que dificulten la tarea. Desde ya que si el nivel fuese más avanzado o se nos requiriera tocar un Swing o Boogie a un tempo más rápido, accedemos sin ningún inconveniente ni planteo. La banda está en segundo plano y el espectáculo son quienes bailan, somos funcionales a ellos. Nos convertimos en audiencia.”

Y con Juan hablé de si existe la posibilidad de improvisar cuando lo que se tiene en frente son bailarinxs (¿esta fue muy muy ingenua? :P): “Sí. Claro que lo hay, siempre que estamos interpretando nuestra música hay lugar para la improvisación. De hecho el 80% de lo que se está haciendo está improvisado prácticamente, con lo cual más allá de que se tenga una noción bastante clara de en qué tempos vamos a tocar o en qué temas, los solos suelen ser improvisaciones, creaciones espontáneas. Justamente, desde el momento en que estamos improvisando o jugando es que la conexión empieza a ser mucho más fuerte, sea con los músicos como con los bailarines, porque uno tiene la necesidad de estar viviendo en ese presente sí o sí para poder comunicarse. ¿Alguna vez decidí cambiar el repertorio sobre la marcha respecto a lo que pasaba con el público? Sí, constantemente. Me gusta mucho estar sensitivo a lo que va pasando con el público y de hecho el repertorio se arma en base a la respuesta que vamos teniendo con él. Eso también nos obliga a estar sumamente conectados y que realmente haya una conexión, una comunicación verdadera.”

“Some folks say that Swing won’t stay
And it’s dying out
But I can prove it’s in a groove
And they don’t know what they’re talking about” [Wham – Glenn Miller]

Hace unos meses, en el festival Aires de Blues, tuvimos clase de música. Gabriel Grätzer hizo una referencia que me quedó dando vueltas en la cabeza: la diferencia entre música de creación y música de recreación (como es, por ejemplo, la música clásica). La pregunta sobre el desarrollo del Swing y el Blues en la actualidad era infaltable.

Daniel de Vita: “El Blues se sigue desarrollando, pero a mi entender no se le da la publicidad, difusión y/o notoriedad a esta continuación. En cambio se opta por corrientes que lo mezclan con géneros como el Rock. Muy buenos artistas hacen esto, pero de esa mezcla queda poco vestigio del género Blues. Amén de que el Blues se desarrolla desde otros vértices que no es solo el musical. La música Blues es eso solamente, música. Pero EL BLUES es más que un género, engloba conceptos como: plantación de algodón, la jerga y slang propia de los afroamericanos de principios de siglo XX, su ropa, su comida, la esclavitud, las persecuciones étnicas, etc. Muchos de esos factores evolucionan como lo hace la música. Ejemplo: se traslada la problemática de la esclavitud rural a una pseudo-esclavitud legalizada en las urbes industriales, se transforman las modas y vestimenta de las personas; el rol de la mujer cambió sustancialmente también. Es decir, el cambio y desarrollo del Blues no es estrictamente musical.

Pero si nos referimos a lo musical, sí, el Blues está en desarrollo y hay muchos exponentes buenos sin difusión y muchos malos pero con publicidad (la mía es una visión totalmente sesgada y personal).”

Daniel De Vita Romeo 2
Bailando con Brian Cardiff en Aires de Blues mientras tocaba Daniel De Vita & Trío – Foto: RW Estudio

Checha Naab:Sí, en el plano musical, paralelamente a las bandas de Jazz actuales que interpretan las composiciones de la Era del Swing respetando arreglos existentes, siempre seguirán surgiendo agrupaciones que reversionarán temas, tendrán arreglos propios o temas de su autoría tocados con Swing y otras que mezclen otros géneros musicales con este estilo. Dependiendo de las exigencias y gustos de cada bailarín, músico, Dj u organizador de eventos se define hasta qué punto los temas/bandas son ideales para un evento de bailarines o no.

Dentro del baile constantemente surgen combinaciones novedosas de pasos, aerials nuevos, adaptaciones de otros ritmos… Creo que el Swing como baile tiene como base lo que se generó hace muchas décadas atrás pero sigue mutando a pasos agigantados en el marco creativo.”

Checha en el Konex
Checha en primer plano en uno de los shows que hizo con la Antigua Jazz Band en el Centro Cultural Konex en 2010. El espectáculo se llamaba “La batalla: Swing en el Konex” – Foto RW Estudio

Juan Klappenbach: “Sí, creo que el género del Swing y el Blues sigue en desarrollo constantemente, eso es inevitable. Desde el momento en que una persona empieza a abordar esta música y tiene algo para decir es que el desarrollo continúa. Desde el momento en que uno improvisa y genera un solo o interpreta una melodía y quiere contar una historia… las historias nunca se cuentan de la misma manera y aparte uno va cambiando así que, aunque se contase de la misma manera, siempre seguiría siendo distinto.”

Juan Klappenbach ALC 2
Juan Klappenbach tocando en la Swingin’ Party – Foto: ALC Fotografía

Flashes

Gracias al baile estuve presente en algunos momentos inolvidables de esos que ni las fotos que acá les muestro hacen justicia. Pensando en ellos les pregunté también algo muy académico (#not): ¿te acordás cuál fue la experiencia más flashera que viviste tocando para un público que baila?

Checha directamente las enumeró:

“- Lanzarme desde el escenario de Niceto al público (la adrenalina de no saber si te vas a caer de cabeza es tremenda jajaja)

– Cantar en Herräng para 400 bailarines con una banda formada por los mejores Lindy Hoppers del mundo (que además son excelentes músicos de Jazz) y con Ulf Carling de baterista.

– Cantar un Blues a capella en la mitad de la pista de baile y escuchar sólo los pies danzantes a mi alrededor.”

Otro especialista en mosh es Juan: “Tuve muchas experiencias flasheras, muchas más que con un auditorio estándar y que están sentados, porque se empieza a generar esta sensación de fiesta, de éxtasis, de comunión entre los bailarines y los músicos que es alucinante. La primera que se me viene a la cabeza es una vuelta en Suecia, tocando con Steven Coombe trompetista inglés. Me invitó a hacer una breve gira y uno de los lugares a los que fuimos desde Inglaterra fue a Suecia. Lo flashero y que nunca había vivido, fue que no solamente en un momento nos tiramos al público así cual “mosh”, sino que además de que los músicos seguíamos tocando en las manos del público (cosa que jamás me hubiese imaginado en un concierto de Swing), después también, se tiró al público el contrabajista Y el contrabajo. Esa fue una experiencia sumamente delirante que no me voy a olvidar.”

De músicxs a bailarinxs

¿Tienen algo para decirle a los bailarines en tanto baile con música en vivo?

Daniel De Vita: “No me siento en la posición de decirle nada a nadie, solamente dar las gracias por bailar.” ¡De nada Dani! es un placerrrrr.

Checha Naab: Tocar mientras que la gente baila es una experiencia satisfactoria por demás para la mayoría de los músicos y para mi a nivel personal. Sin embargo, es cada vez más difícil para las personas que tenemos la música como profesión poder aceptar propuestas de espacios culturales u organizadores de eventos de Lindy Hop con la frecuencia que quisiéramos (o en el caso de algunas bandas más numerosas y de gran trayectoria, imposible). El espíritu del Lindy Hop fue en sus comienzos de la mano con la música en vivo, pero hoy en día esta modalidad se hace difícil de sostener en el tiempo con el pago promedio que recibe el músico en comparación con lo que vale su trabajo en realidad y los gastos que devienen del simple hecho de ir y tocar: Hasta que los tiempos cambien, comprar un disco, ya sea físico o virtual, difundir a la banda en las redes sociales, reproducir compulsivamente los discos en las plataformas como Spotify, Youtube (en caso de monetización) u otras, ¡es de gran ayuda!”

Juan Klappenbach: No dejen de bailar. De bailar CON la música; por un momento olvidar los pasos y la técnica, sobre todo cuando la banda está tocando en vivo y simplemente tratar de conectarse directamente con el corazón, con la música que está siendo presente y creada en ese momento. Ése es el pedido a los bailarines, que siempre escuchen la música y bailen desde el corazón. ¡Y que espero verlos siempre! jejeje”

Gracias a estos músicxs increíbles por tener tan buena predisposición para esta nota. Sus próximas fechas son:


Por último les comparto los consejos que fui escuchando con el tiempo y me hice propios para valorar a las bandas nacionales:

  • Por más de que estés bailando con mucha concentración, cuando termine el tema aplaudí. Es una forma de agradecer a la banda por el tema que acaban de tocar.
  • Colaborá con su obra: comprá discos (físico o digital), andá a verlos cuando toquen.
  • Si sos DJ agregá temas de bandas nacionales en tus playlists.
  • Si sos profe poné temas en tus clases y comentá qué es lo que está sonando.
  • Usá un tema de una banda nacional para tus coreografías y presentaciones (si querés usar un tema clásico suele tener grandes interpretaciones).
  • Si el evento con música en vivo es a la gorra, colaborá con lo que más puedas. Generalmente la gorra está para costear a la banda.
  • Tu duda no molesta. Si hay algo que te genera intriga sobre la música que bailamos, acercate a hablar con lxs músicxs. Tenerlos como referencia es una forma de demostrarles respeto y valor por lo que hacen.

 

Les dejo un abrazo grande, nos vemos bailando (y escuchando ;))

O.

*(Esta nota fue escrita en lenguaje inclusivo para que todas las personas, cualquiera sea su identidad, se sienta representada por igual. En el caso de las citas a las personas entrevistadas se mantuvo el género que habían utilizado originalmente).

Un comentario sobre “Bailar con música en vivo

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